La Orquesta del Titanic: Calíope, Crono y Poseidón

Hombres de Negro

Desde el pasado fin de semana escucho con gran deleite el nuevo disco de Serrat & Sabina: La Orquesta del Titanic. Conocía los promocionales, Hoy por ti, mañana por mí y Cuenta Conmigo, que preludiaban el disco cuya excelencia ya he confirmado. Particularmente, la canción Cuenta Conmigo comienza a recibir espacio en alguna radio venezolana.

En conjunto, los 11 temas del disco evocan imágenes nocturnas: como si Toulouse-Lautrec olvidara por un instante la voluptuosidad parisiense y se entregara a las visiones de una noche catalana. Un lienzo o música nocturna que puede disfrutarse a cualquier hora. Además, este particular ejercicio de exégesis encuentra multitud de sabores en los versos: como si estas canciones fuesen escritas por Machado, Lorca o Garcilaso, al amparo de algún piano de Memphis, posteriormente corregidas por Baudelaire… y viceversa. Y antes de la publicación final, otros poetas, por ejemplo Benedetti o José Alfredo Jiménez, introducen pequeños ajustes aquí y allá, para perfeccionar los sabores. Dulces pasteles de muchas capas.

Entonces, como asceta en súbito éxtasis místico, comienzo a sospechar que La Orquesta del Titanic propone un juego, un juego muy serio, cuyo primer guiño se encuentra en el título mismo. Un trasatlántico hundiéndose, más por capricho de Crono que de Poseidón, pero, aunque todo va a perderse en las profundidades implacables, y aunque las vajillas flotan y los niños y las damas van primero y los magnates detrás, estos dos muchachos que acompañaron a Wallace Hartley hasta el final (presumibles polizontes, uno del Poble-sec y otro de Úbeda, si bien los registros históricos no son claros) nos demuestran que Calíope puede superar la impiedad de otros dioses, derrotar todo: a la presión subacuática, a la concentración salina en los pulmones, a la envidia de Poseidón, al paro, a la inflación y a las canas en la garganta. La música, cuando es excelente, asegura su eternidad, y sobre todo, su trascendencia. Y la música en La Orquesta del Titanic es excelente.

Me he divertido sintiendo las similitudes entre el tema homónimo y Los Fantasmas del Roxy. Además, prolongo el juego de los versos: Mujer de sombras y de melancolía, aunque éramos asquerosamente jóvenes y nunca saco a pasear el corazón, recuerda que a veces amanecía por detrás del malecón y las orquestas, y recuerda también que el amor no tiene cura y es eterno mientras dura. Disculpa que me distraiga por tener que soportar a tanto idiota: lo que pasa es que estalla una bomba en la noche de paz, lo que pasa es que apesta a zambomba el mensaje del Rey. No prometo ser el ángel en tu cielo, porque lo peor del cielo es que está tan lejos de aquí, y además qué falta le haría otro ángel al cielo. Perdona también si me ves cínico o huraño, si te horroriza mi colección de cromos de barcos piratas sin ley, mi colección de escarabajos aplastados… te entiendo… hoy un escarabajo, mañana… quién sabe mañana. Lo único que puedo prometerte es que si buscas alguien que te trate mal, cuenta conmigo.

De este disco me complace especialmente la novedad de composiciones y la simbiosis: no es Serrat, no es Sabina, es Serrat & Sabina. Podría ser, a veces, Tarrés & Sabina. Disco totalmente recomendado.

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