Postales en Sepia: I

Ayer la vi. Aunque estaba de espaldas, supe que era ella. La reconocí por la lista de nombres mal escritos y mal borrados de su corazón, por las muchas historias inconclusas en las que se había inscrito, y por el tatuaje que alguna vez me prometió no hacerse.

Quise llamarla, sustraerla por unos minutos del murmullo de los peatones, para decirle que a veces soñaba con ella. Pero ya no la recordaba.

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