Lo santo y las perlas

No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen.

Mateo 7:6

Da lo santo a los perros, echa tus perlas a los puercos; lo que importa es dar.

Jorge Luis Borges (en Fragmentos de un Evangelio Apócrifo).

Nota: Cualquier comparación resulta injusta y fuera de contexto. Además, prefiero el original bíblico. Sin embargo, la versión borgiana resuelve un asunto fundamental: la identificación. ¿Qué es lo santo? ¿Y las perlas? ¿Quiénes los perros, quiénes los cerdos?.

Cien de cien

Ayer 8 de Julio terminé la lectura del libro Borges, de Adolfo Bioy Casares. El viaje por las más de 1600 páginas del libro ha sido toda una delicia. Una obra magistral, 100/100, que en ningún aspecto decepciona. Al terminar esta lectura creo comprender mejor un artículo de prensa que leí hace pocas semanas, donde la viuda de Borges anuncia que está escribiendo sus memorias para aclarar “todo lo inventado” sobre la vida del escritor. Y la rueda continúa girando.

Cui bono?

BORGES: «Una frase de Padre: “Si somos inmortales ya tendremos tiempo de hablar de todas esas cosas (existencia de Dios, etcétera)”. El Dios que condena a quien no cree en él, corresponde a una idea miserable de Dios. Aristóteles decía: “Yo prefiero que la gente crea que no he existido a que crea que fui un malvado”. Dios no pensaba así. Si te dicen: “Alguien en San Luis no cree que usted exista”. Bueno, ¿y qué? ¿Qué saca Dios de que nosotros tengamos o no fe en él? Cui bono?»

Parte de la entrada correspondiente al martes 23 de julio de 1968 en el libro “Borges” de Adolfo Bioy Casares.

Corazonada

Por una corazonada, visité la biblioteca y me entretuve con la antología de cuentos hispanoamericanos. Sin asombro, examiné las marcas de óxido en la armadura. A pesar de este óxido y otras derrotas, el caballero aún conservaba el ánimo del primer día. Fui directo al último de los cuentos, que resultó ser Las ruinas circulares, el primer cuento de Borges que leí, allá en algún remoto texto de bachillerato. Múltiples relecturas me permiten recordar fragmentos literales de Las ruinas circulares, y también algún otro de El muerto, incluido en la antología. Qué curioso. Dos cuentos de Borges en ese libro. Revisando el índice comprobé que la antología incluye, para cada autor seleccionado, un solo cuento, con la excepción de Borges. Interesante decisión del antologador. Creo que proporciona indicios claros sobre su apreciación literaria. En la antología, el predecesor inmediato de los cuentos borgianos es el relato Corazonada, de Mario Benedetti. Este cuento, sin ser mi favorito de Montevideanos, triunfa en su propósito: evoca un contexto muy latinoamericano, con temática socialmente sensible, y con un estilo impregnado de humor. Este humor de Benedetti me trae imágenes inconexas y relativas a la predilección de los creadores uruguayos por encontrar la gracia en cualquier cosa, por reírse de sí mismos sin ningún problema, y por socavar lo solemne si hace falta. Recuerdo, por ejemplo, muchos temas del Cuarteto de Nos (No somos latinos, El día que Artigas se emborrachó, etcétera) o aquella murga de Agarrate Catalina, relativa a la visita de Chávez a la tierra oriental. Corazonada suscribe este humor criollo. Un humor que resulta genial por su honestidad que no rehuye la crudeza. Resulta genial por el simple obsequio de la risa. Pero sobre todo, y más en la obra de Benedetti, resulta genial porque permite narrar profundos dramas sociales con frescura y elegancia. En particular, creo que con esta clase de humor la estirpe oriental intenta encontrar el lado cómico de todas las tragedias universales que nos acometen día tras día, para hacer más tolerable el dolor. Corazonada es un buen ejemplo de esta afirmación.

La mitad, en 1962

La lectura del Borges de Bioy Casares se suspende con pesar: resulta muy difícil resistirse al deseo de leer la próxima entrada del diario, y la próxima, y un poquito más, y ya es muy tarde, hay un sueño feroz. Pero pronto estaremos en la mitad exacta del libro, correspondiente a notas de 1962. El libro mezcla crítica y práctica literaria, humor, política argentina, y lo cotidiano, triviales chismes. Del libro ya he publicado antes dos fragmentos: la pequeña historia del anillo, y la observación de Borges sobre la competencia de los escritores. Me divierte mucho el hecho de que Borges y Bioy Casares a veces critican con ironía, o simplemente se burlan, de familiares y amigos, de literatos contemporáneos, e incluso de escritores que la crítica universal ha encumbrado. Multitud de autores argentinos y uruguayos que copan los textos de literatura reciben una calificación de mediocre (o menos) por parte de Borges y Bioy. Así, a Borges no le simpatizan autores que en Uruguay constituyen casi un patrimonio nacional, como Quiroga o Herrera y Reissig. Algunos clásicos españoles tampoco se salvan. Por ejemplo, Borges muestra una gran devoción por el Quijote, pero no le gusta el Mio Cid, y considera que Los trabajos de Persiles y Segismunda es un libro decididamente malo. No obstante, en muchas ocasiones, menosprecian algunas obras por su aborrecimiento a la particular afiliación política del autor. Especialmente, les desagrada casi todo lo que provenga de comunistas y afines. Ramón Gómez de la Serna, por su franquismo, entre otras cosas, tampoco les resultaba simpático. También, muchos de sus contemporáneos argentinos recibieron críticas y burlas en cantidad: hasta 1962, me parece que es Victoria Ocampo el blanco predilecto de los comentarios satíricos y burlescos de Borges y Bioy.

Ahora, para sus autores y libros favoritos ofrecen los mayores elogios. Borges no oculta su predilección por Homero, Kafka, Kipling, Stevenson, De Quincey, Chesterton, Shaw, y muchos otros. En una nota Bioy refiere que le gustó El Viejo y el Mar; para Borges, en general, Hemingway era un mal tipo. En relación con Quevedo, Borges dice que con el tiempo le ha ido perdiendo aprecio. A veces también se muestran ambiguos, cambiantes: Poe puede parecerles muy bueno, pero más adelante llegan a decir que Longfellow era mucho mejor, y celebraban la crítica de Emerson.

Personalmente, encuentro muy divertidas e instructivas todas estas notas. Espero que la otra mitad del libro resulte tan interesante como la primera.

La competencia

BORGES: «Los escritores no formamos un gremio. Los obreros hacen trabajos muy simples. A un estibador no se le dice: “Es inútil que siga estibando. ¿Usted sabe lo que ya se estibó en el mundo?”. Al matarife no se lo disuade de que mate animales porque desde miles de años ríos de sangre de animales corren por el mundo, y a un zapatero no se lo contiene con el argumento de que ya se han hecho zapatos ad nauseam; pero cada escritor compite, si no con todos los escritores del pasado, con muchos. La utilidad de los movimientos literarios es que nos libran de muchos escritores. Viene un movimiento a favor del verso libre y se desecha a todos los poetas que rimaron; viene un movimiento a favor de la rima y se desecha a cuantos escribieron verso libre. Hay demasiados escritores y debemos suprimir el mayor número posible». Dice también: «Creo, como Stevenson, que un escritor debe trabajar por un pago mínimo, con un máximo de responsabilidad.»

Entrada correspondiente al sábado 11 de julio de 1959 en el libro “Borges” de Adolfo Bioy Casares.

Dimensiones del Universo o La Biblioteca

El famoso cuento La Biblioteca de Babel, de Jorge Luis Borges, inicia:

El universo (que otros llaman la Biblioteca) se componte de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio, cercados por barandas bajísimas.

Más adelante, Borges agrega:

A cada uno de los muros de cada hexágono corresponden cinco anaqueles; cada anaquel encierra treinta y dos libros de formato uniforme; cada libro es de cuatrocientas diez páginas; cada página, de cuarenta renglones; cada renglón, de unas ochenta letras de color negro. También hay letras en el dorso de cada libro; esas letras no indican o prefiguran lo que dirán las páginas.

Si cada renglón consta de 80 letras, y cada página comprende 40 renglones, tenemos 3200 letras por página. Como cada libro contiene 410 páginas, todo libro consiste de 3200 x 410 = 1312000 letras.

El cuento, en otra parte, nos ofrece un dato pertinente:

El segundo: El número de símbolos ortográficos es veinticinco.

Como la Biblioteca de Babel abarca todos los libros que pueden escribirse con esos veinticinco símbolos, arreglados según el formato de los libros, entonces la cantidad de libros totales en la Biblioteca es 25 elevado a la 1312000 potencia. Eso es, aproximadamente (cálculo de baja precisión, con mantisa de 512 bits y exponente de 64 bits):

1.95603991760133212910992218835224485467563412651972301442207842478781344920693124
3423822615055235259425875793310436796077049531126005591315926683778608614e+1834097

Vemos que 25 elevado a la 1312000 potencia es un poco más grande que 10 elevado a la 1834097 potencia, es decir, un 1 seguido de un millón ochocientos treinta y cuatro mil noventa y siete ceros.

Aquí podemos leer que el volumen del universo observable es de unos 1e+80 metros cúbicos aproximadamente. Ahora, ¿cuántos libros podemos colocar en un metro cúbico? Supongamos que en un metro cúbico podemos alojar 100 libros, es decir, tendremos 1e+2 libros por metro cúbico. Significa que si todo nuestro universo consistiese sólo de libros, podría alojar a lo sumo 1e+80 x 1e+2 = 1e+82 libros. Eso es todo lo que puede alojar nuestro universo: 1e+82 libros. Pero la Biblioteca de Babel puede alojar, ya vimos, más de 1e+1834097 libros. Aproximando, se necesitarían 1e+1834097 / 1e+82 = 1e+1834015 universos del tamaño del nuestro para contener los libros de la Biblioteca de Babel.

Algo más: cruzar el universo de extremo a extremo requiere 9.3e+10 años luz. Entonces, cruzar la Biblioteca, que es 1e+1834015 veces más grande toma… una eternidad. Y eso que he ignorado en mis cálculos las letras en el dorso de los libros. Y también he descartado libros que constan de otros libros.

Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden). Mi soledad se alegra con esa elegante esperanza.

Sin duda, cruzar la Biblioteca es una aventura que corresponde, exclusivamente, a un eterno viajero.

Borges, Russell, Dos Libros

Y por eso prefiero la información en el estado más prístino posible, libre de ripios e inyecciones arteras, intencionadas. Quiero que el núcleo de la noticia sea el hecho, lo ocurrido, sin especulaciones de ningún tipo, sin injerencias de todos los “comunicadores” que se interponen entre el hecho y nosotros los receptores de la información. Esto, lo admito, es sólo un ideal. El observador es un componente esencial del hecho (remito al gato de Schrödinger): unos muchachos salen a la calle con los bolsillos llenos de piedras a protestar porque no tienen agua ni luz en el liceo o se agrupan en plazas de España o acuden semidesnudos a una tienda que acierta en extravangancia y ardid publicitario; si nadie observa y comunica estos hechos simplemente puede asumirse que jamás ocurrieron. El hecho, desprovisto del observador, es un gato en una caja: puede estar vivo, puede estar muerto. En esta acción de observación y comunicación irreversiblemente se entrometerán los prejuicios, experiencias y convicciones del observador-comunicador. Así, la información prístina es una utopía, pero en todo caso queda establecida mi predilección por lo que más anhele o intente parecerse a esta utopía.

Dicho esto, se justificará el recelo que guardo a las columnas de opinión en la prensa de todos los días. Y como muchos de los diarios a los que tengo fácil acceso están contaminados de opinión hasta en lo inopinable, resulta comprensible, creo, mi revisión somera y a veces inexistente de tal prensa. No me repugna que casi siempre estas opiniones se erigen en tribunas para el odio y el egoísmo, o ansían y se obsesionan con la solidaridad del lector, o tributan la estupidez, o nada aportan a la solución (como ejemplo de lo infructuoso de las opiniones fijarse, por ejemplo, en este párrafo), porque, al parecer, funciona así desde la primera vez: todos opinamos incluso si a nadie le importa nuestra opinión. No obstante, lo que me resulta casi aborrecible es el gran titular que supuestamente ofrece información en el estado más puro posible, y sin embargo sólo me informa sobre las tendencias particulares del directorio editorial: puro veneno. Con los años, y a fuerza de ponerse el gorro CIP (Crédulo, Ingenuo y Pendejo) para luego desencantarse, uno aprende a, más o menos, defenderse contra estas intrusiones, estos artificios de la des-comunicación. Así como ellos filtran, el lector también debe aprender a filtrar, a entender que por lo general la premisa más importante es la que no se menciona. La sabiduría Borgiana advierte sobre este asunto en “Dos Libros” (Otras Inquisiciones, 1952). Luego de comentar el apasionamiento político de un libro de Wells, Borges aprovecha unos ensayos de Bertrand Russell:

Let the People Think es el título de una selección de los ensayos de Bertrand Russell. Wells, en la obra cuyo comentario he esbozado, nos insta a repensar la historia del mundo sin preferencia de carácter geográfico, económico o étnico; Russell también dispensa consejos de universalidad. En el tercer artículo – “Free thought and oficial propaganda”- propone que las escuelas primarias enseñen el arte de leer con incredulidad los periódicos. Entiendo que esa disciplina socrática no sería inútil. De las personas que conozco, muy pocas la deletrean siquiera. Se dejan embaucar por artificios tipográficos o sintácticos; piensan que un hecho ha acontecido porque está impreso en grandes letras negras; confunden la verdad con el cuerpo doce; no quieren entender que la afirmación: “Todas las tentativas del agresor para avanzar más allá de B han fracasado de manera sangrienta” es un mero eufemismo para admitir la pérdida de B. Peor aún: ejercen una especie de magia, piensan que formular un temor es colaborar con el enemigo… Russell propone que el Estado trate de inmunizar a los hombres contra esas agüerías, y esos sofismas. Por ejemplo sugiere que los alumnos estudien las últimas derrotas de Napoleón, a través de los boletines del Moniteur, ostensiblemente triunfales. Planea deberes como éste: una vez estudiada en textos ingleses la historia de la guerra con Francia, reescribir esa historia desde el punto de vista francés. Nuestros “nacionalistas” ya ejercen ese método paradójico: enseñan la historia argentina desde un punto de vista español, cuando no quichua o querandí.

El sucesor de ese párrafo tampoco elude el brillo, la elocuencia o la erudición:

De los otros artículos, no es el menos certero el que se titula “Genealogía del fascismo”. El autor empieza por observar que los hechos políticos proceden de especulaciones muy anteriores y que suele mediar mucho tiempo entre la divulgación de una doctrina y su aplicación. Así es: la “actualidad candente”, que nos exaspera o exalta y que con alguna frecuencia nos aniquila, no es otra cosa que una reverberación imperfecta de viejas discusiones. Hitler, horrendo en públicos ejércitos y en secretos espías, es un pleonasmo de Carlyle (1795-1881) y aún de J. G. Fichte (1762-1814); Lenin, una transcripción de Karl Marx. De ahí que el verdadero intelectual rehuya los debates contemporáneos: la realidad es siempre anacrónica.

Los que protestan, los que fueron a la tienda, yo mismo escribiendo esto, usted leyéndome… realidades que empezaron a forjarse tiempo atrás. No puede ser de otra forma: así marcha el mundo porque una inteligencia divina lo entreteje todo o porque acaso Babilonia no es otra cosa que un infinito juego de azares.

Imparcialidad

En las semanas previas Rudyard Kipling ha estado presente en mis lecturas. Primero con Kim y luego con The Phantom Rickshaw. Cuando comenté sobre el cuento, destaqué el humor que mostraba. En relación con el humor en la literatura, hoy me he reencontrado con una oración de mi autor favorito, en su cuento “La Señora Mayor”, incluido en El Informe de Brodie:

Siempre envidiosos de nuestras glorias, los venezolanos atribuyeron esta victoria al general Simón Bolívar, pero el observador imparcial, el historiador argentino, no se deja embaucar y sabe muy bien que sus laureles corresponden al coronel Mariano Rubio.

En ningún momento tengo dudas sobre la imparcialidad alegada allí 😀

Por cierto que el prólogo de El Informe de Brodie inicia con una referencia a Kipling. Dice Borges:

Los últimos relatos de Kipling fueron no menos laberínticos y angustiosos que los de Kafka o los de James, a los que sin duda superan; pero en 1885, en Lahore, había emprendido una serie de cuentos breves, escritos de manera directa, que reuniría en 1890. No pocos – “In the House of Suddhoo”, “Beyond the Pale”, “The Gate of the Hundred Sorrows” – son lacónicas obras maestras; alguna vez pensé que lo que ha concebido y ejecutado un muchacho genial puede ser imitado sin inmodestia por un hombre en los lindes de la vejez, que conoce el oficio. El fruto de esa reflexión es este volumen, que mis lectores juzgarán.

Kim precisamente vive en Lahore, y es allí donde acontece su encuentro con el lama tibetano, evento que desencadena su aventura a través de la India colonial. Me encanta establecer estas conexiones literarias.